Servei Civil Internacional Catalunya

Jordània, bitàcora d'un oasi

Dijous, 28.1.2016 13h45

Cinc conclusions del fòrum anual de periodistes d’investigació al món àrab

Núria Vilà                        28/01/2016

El passat desembre vaig tenir l’oportunitat de participar en unes conferències de tres dies a Amman (Jordània) emmarcades en el vuitè fòrum anual de periodistes àrabs d’investigació. Arab Reporters for Investigative Journalism (ARIJ) és un col·lectiu líder a la regió a l’hora d’entrenar a periodistes àrabs en l’àmbit de la investigació des del 2005.

Sota el títol ‘Arab Media: Surviving Under Censorship’, més de 250 periodistes de Síria, Iraq, Egipte, Iemen, Palestina, Jordània, Tunísia i Bahrein es trobaven per intercanviar visions sobre la seva feina i entrenar-se per a elaborar reportatges en zones de conflicte.

D’aquesta experiència tan enriquidora, que em va permetre conèixer de primera mà a aquests periodistes i la feina que fan amb gran professionalitat, en vaig extreure una sèrie de conclusions que voldria no oblidar:

-L’audiència busca solucions a les qüestions que tracten els reportatges; no només problemes. Tony Stark, productor de documentals per la BBC, explicava en una de les conferències que estudi fet recentment per la cadena britànica concloïa que el 64% de l’audiència menor de 35 anys buscava notícies que oferissin solucions als problemes.

-Enfocar el reportatge buscant que es produeixin canvis concrets. En comptes de limitar-se a explicar notícies des d’una perspectiva distant de la realitat, si es llegeixen els reportatges que ARIJ ha esponsoritzat es pot veure com en tots ells l’enfocament està buscant un canvi concret: que un determinat sector (Governs o organitzacions, per exemple) se sentin interpel·lats i es vegin forçats a intentar canviar la situació injusta que denuncia el reportatge.

-Involucrar-se en el tema que tracta el periodista: ser un actor actiu més de la qüestió. donar-li seguiment i involucrar-me com a periodista amb la societat civil per buscar que es produeixi un canvi en el problema.

-Comprovar la informació de forma jurídica. Alguns dels periodistes que venien d’Egipte explicaven que cada vegada més es fa imprescindible assessorar-se amb advocats especialitzat en mitjans de comunicació sobre si la informació que es publicarà pot ser penalitzada jurídicament. Per evitar acabar a la presó, especialment a Egipte on moltíssims periodistes estan entre reixes, és important que els reporters puguin justificar el que han escrit, que s’adeqüi a la realitat i que per tant el govern no pugui negar la informació que es publica.

-Cooperació; quan es treballa conjuntament, unint forces entre periodistes, s’arriba més lluny, es dóna més visibilitat a les notícies i es protegeix la seguretat dels periodistes.

Aquest últim punt és un dels objectius d’aquest fòrum anual. Conèixer a altres periodistes, aprendre sobre qüestions de seguretat física i virtual (internet) i, en definitiva, donar-se suport els uns als altres a l’hora de fer reportatges en situacions d’inestabilitat.  



Dijous, 7.1.2016 09h45

Algunos destellos

Aurora 07/01/2016

Cientos (¿miles?) de cláxones suenan con fuerza, lo harían incluso si el tráfico fuese fluido. No existen normas al respecto y de haberlas, poco importan. No recuerdo el nombre de la calle en la que estamos, creo que es al-Malik Hussein. A la salida de uno de tantos hospitales hay ajetreo. Tal vez un accidente de coche – no sería una sorpresa, aquí "tráfico" es sinónimo de caos – o quién sabe qué. En la acera de enfrente hay gente haciendo cola, rótulos luminosos flotan por encima de sus cabezas. Cuatro o cinco supermercados improvisados se amontonan en la calle. “¿Qué hace toda esa gente ahí apelotonada? ¿Qué regalan?”. Un amigo cuenta que son lugares donde la comida se vende mucho más barata que en las grandes superficies. Infinitas latas de conserva se superponen en torres que alcanzan el techo y no se caen de milagro. Enormes, frágiles. No sabemos – ni nos importa demasiado – por qué los precios son tan bajos. Desde hace un tiempo decidimos hacer caso a la sabiduría popular (somos voluntarios, no millonarios) y como cualquier ammaní de a pie, nos aprovisionamos de miel, labaneh, leche, huevos, queso feta, yogur, arroz, etc.




Más abajo, en la calle Suleiman al-Nabulsi se abre una explanada amplia, en algún momento seguramente anheló convertirse en el corazón de la ciudad pero el tiempo le negó ese privilegio. Allí se sitúan el Parlamento, el Tribunal Superior y la mezquita del rey Abdallah, rodeados de edificios de reciente construcción y altura de vértigo. Es chocante la sensación de vacío que hay en general, en un lugar concurrido por edificios tan relevantes. Lo que no falta en cada esquina son militares con metralleta, observando a los viandantes con esa mezcla de socarronería, chulería y amenaza propia de cualquier joven armado. Sí, los que custodian las puertas del Parlamento suelen rondar los 25 años, con toda la confianza que eso genera. Este edificio, por otra parte, es bastante feo, como una caja de zapatos agujereada. 
La descomunal mezquita está por terminar, como tantas otras cosas en esta ciudad. Hasta las aceras – algunas sin empezar, la verdad – se pasean incompletas. Ir andando a cualquier lugar es complicado, por no hablar de la lluvia... Ammán se hace todo barro. Perdón, me descentro, volvamos a la mezquita. Es un edificio sobrio, una inmensa cúpula azul con inscripciones en cúfico geométrico cubierta de andamios. Para los turistas la entrada cuesta dos dinares e incluye un museo de tradiciones y cultura islámica, o eso reza el cartel al menos, aún no hemos tenido el placer de visitarla. Hay pequeños museos de folklore también en el teatro romano y en la ciudadela. Se caracterizan por una musealización decadente y oscura que le da un encanto especial. Por no hablar de los mosaicos polvorientos, una maravilla. Aún tenemos pendiente la visita a la Galería Nacional de Arte, con la esperanza de que nos borre de un plumazo las impresiones anteriores sobre los museos jordanos. 

Seguimos adelante hasta Jabal al-Weibdeh. El vacío se transforma en calles más estrechas, más vivas. Nos rodean casas unifamiliares y adosados de dos o tres pisos como máximo, cercadas por jardines – hacen de cada hogar un pequeño paraíso – a lo largo de la calle Kuliyya, donde nos cruzamos con gente joven, seguidores de tendencia, carne de instagram.   Fan wa-Shai es uno de los centros de mayor movimiento del barrio. Galería de arte y cafetería, lugar de encuentro de rostros pretenciosos, iniciativas culturales (o culturetas) y carteles que indican que los camareros no sirven a las mesas. Levanta tu culo de la silla si quieres beber algo. Ah, el WiFi es limitado. No te nos vayas a apalancar más de una hora.

una de las calles de Jabal al-Weibdeh


No todo es así, claro. Hay lugares donde se puede rascar y uno encuentra algo más que iPhones y barbas. Es el caso de Maestro, una sala de música/restaurante/algo-que-podría-considerarse-un-bar-aunque-ese-término-aquí-para-un-español-es-dudoso. No es barato, pero sirven alcohol y en sí mismo eso es un reclamo para mucha gente. Lo mejor de Maestro son las noches de jazz, cuando organizan improvisaciones todos los lunes a partir de las 20:30 donde triunfa la espontaneidad. Por no hablar de los conciertos de bandas locales o de la región. Sin estilo concreto, depende de lo que toque puede tratarse de rock-garage, electrónica o el pop alternativo, todo con reminiscencia del contexto en el que estamos. Laúdes, crótalos y otros instrumentos propios de la música árabe aportan la marca propia. La gran diferencia con la calle Rainbow es que aquí escasean los extranjeros bajo la marabunta de jordanos – hipsters jordanos, sí, sí, los hay – que organizan mercadillos, conciertos, exposiciones, talleres… Aunque todo lo que tenga que ver con el cine se escapa de este barrio a Jabal Ammán. Allí los institutos de lenguas proyectan orgullosos películas representativas de su cultura en el teatro Rainbow – a la vez nos otorgan la alternativa a las salas de los centros comerciales, entradas carísimas y por lo general, un coñazo – o la Film Royal Comission organiza visionado de documentales o películas más antiguas. 

 





Dilluns, 14.12.2015 14h00

The black iris

Aurora     14/12/2015

“Nazco en ciudades que no han nacido
pero en la noche otoñal de las ciudades árabes,
con el corazón roto, muero”
‘Abd al-Wahhab al-Bay
 
La flor nacional de Jordania es el “iris negro”. No tiene la viveza de las rosas o los claveles, su color oscuro y sus formas – estilizadas, casi quebradizas – hacen de ella un ser desconcertante. Y desconcertante es, probablemente, la palabra que mejor define este país. En un mes y medio no tenemos más que un esbozo de Ammán, nos queda mucho por recorrer y otro tanto por aprender. Pero sí somos capaces de resaltar ciertas particularidades del día a día.
 
Empecemos por lo básico: cruzar la calle es todo un desafío, ya sean estrechos callejones o amplísimas avenidas. Los coches no paran a no ser que te lances de cabeza. Sorprendentemente, no hemos visto ningún atropello ni accidente de tráfico. El abuso del claxon es directamente proporcional al caos que se forma entre las cuatro y las siete de la tarde, cuando cruzar ciertas calles debería considerarse intento de suicidio. Como ocurre en El Cairo o en Teherán, es más que evidente la ausencia de una red de transporte público en condiciones. Torrentes de coches inundan las calles de la capital jordana en un flujo sin parangón, especialmente los viernes y sábados, fin de semana, cuando hay más movimiento de población.
 
Todos los jueves por la tarde y viernes por la mañana se da lo que se llama “al-suq al-yumu’a” (el mercado de los viernes) donde uno puede encontrar todo tipo de prendas a un precio de ensueño. Es un mercadillo de segunda mano y ocasión, en otras zonas del mundo se conoce como “flea market”. Jerséis por dos dinares, chaquetas por tres, zapatos (buenos zapatos) por cinco… Una ganga recomendable para todo aquel interesado en renovar su vestuario con un toque verdaderamente vintage. Habrá que aprovechar que está de moda eso de vestirse como un yonki de los noventa y hacer acopio de la mayor cantidad de prendas posible. No es caro vestirse en Jordania si uno sabe cómo buscar. Para completar el viernes – día sagrado de los musulmanes, cuando uno tiene que estar en familia, rezar en la mezquita y evitar todo haram posible – no hay nada mejor que recorrer las callejuelas alborotadas de wasat al-balad, el centro de la ciudad. Puestos de venta atestados de cacharros, más ropa, zapatos, fruta, verdura… depende de la zona del zoco al que uno vaya. Normalmente compramos aquí la fruta, por la relación calidad precio y porque nos parece más peculiar que ir al Carrefour. Ya me atrevo a pedir las cosas en árabe y a entablar la típica conversación sobre la procedencia, a veces el fútbol, el trabajo aquí… Por lo general, los vendedores son entrañables. Si se quedan con tu cara y están de buen humor, te regalan una mandarina o unos dátiles. Y qué dátiles. Es una de las cosas que más echaré de menos a la hora de tomar las maletas de vuelta.
 


Como he mencionado antes, esta ciudad es tan diversa como desigual. La otra cara de la moneda la conforman los centros comerciales dispersos por toda la ciudad (City Mall, Baraka Mall, Mecca Mall, Avenue Mall, Galleria Mall…). Enorme amalgama de hormigón, acero, vidrio, cristal, paneles de poliuretano, cuyas paredes encierran una vorágine de consumismo que no entiende más religión que el dinero.  El capitalismo ha conseguido igualar a todo ser humano pasado un umbral de riqueza determinado. Los mismos bolsos, teléfonos móviles, maquillaje, jerséis, camisas, zapatos… No hay particularidad cultural que valga. Las luces de navidad y los villancicos nos inundan y nos hace olvidar por un instante que se trata de un país islámico. Una estampa idéntica, por no decir exactamente la misma, se da en Madrid, Londres, Roma, Dubái, Tokio o Nueva York. Otro hecho que me llama la atención es la enorme cantidad de productos estadounidenses que inundan las estanterías de las tiendas de comestibles. Jamás había visto tantos sabores, colores y formas diferentes de cereales. Y quien dice cereales, dice todo tipo de alimentos.
Por supuesto, los barrios que rodean estos centros comerciales no tienen nada que ver con las caóticas calles del corazón de Ammán. Si uno visita la ciudad y sólo tiene tiempo para recorrer la calle Zahra’ pensará en Dubai. Amplias avenidas, aceras relativamente cuidadas, hoteles iluminados y los centros comerciales anteriormente mencionados, dan vida a la cara más exclusiva y ficticia de la capital jordana.
 


Hay lugares en los que la exclusividad y la tradición se acarician levemente. Puntos de interacción y burbujas al mismo tiempo, como Jabal Ammán o Jabal al-Weibdeh. En estas colinas que custodian ambos lados del wasat al-balad, la cultura es un valor en alza. En esos dos barrios – uno de ellos, atravesado por la calle Rainbow, se vanagloria de ser centro irradiador de entretenimiento para extranjeros, mientras que el otro disfruta de un público casi exclusivamente jordano –  tienen lugar muchas más actividades de las que esperábamos en un principio. Maldita carga la de los estereotipos. Cafeterías, bares y restaurantes más cercanos a los centros comerciales que a los locales del centro, no dejan caer del todo el peso de lo tradicional. Desde animadísimos conciertos rodeados de cerveza (insultantemente cara) hasta un supuesto mercadillo navideño con productos artesanales, uno puede encontrar de todo. Si algo caracteriza ese trasfondo juvenil de Ammán es que toda moda va ligada a cierta reivindicación. Las tiendas de camisetas no se conforman con hacer diseños alternativos y atractivos, venden posters reflejando la situación palestina, eslóganes que dejan ver lo viva que está la lucha. Uno aprecia en seguida lo fuerte que es la condena al sufrimiento palestino o a la situación de la mujer, lo conscientes que son los jóvenes aquí de que las cosas tienen que cambiar.


 
Grabo en mi memoria (y también en esta plataforma digital) el momento – a más de uno le parecerá baladí – que me hizo amar esta ciudad: una tarde, tras horas explorando sus calles, nos sentamos en una terraza para disfrutar de la muerte el sol tras blancas colinas sobre-edificadas. Por los altavoces de una mezquita cercana comenzó el canto del almuecín llamando a los fieles a la oración (adhán). Aunque ya estamos acostumbrados a oírlo, no puedo evitar sobrecogerme cada vez que suena. La bruma dibujaba el horizonte a capas, aún faltaban semanas para que el frío atacase pero un café caliente humeaba entre mis manos. Tal vez fue mi debilidad por los atardeceres o la atmósfera en general, que invitaba a un mayor alboroto espiritual, pero me sentí más lejos de casa que nunca. Y feliz, muy feliz.


P.D: las fotografías están sacadas de un banco de imágenes libres de copyright porque soy un desastre con estas cosas y no sé cómo se hace para que aparezcan las mías.

Dilluns, 23.11.2015 10h30

I-Dare: m’atreveixo a transformar la societat

Núria Vilà                23/11/2015

Ja han passat més de dues setmanes des de la nostra arribada a Amman. El projecte que desenvoluparem en els propers mesos a l’organització I-Dare pinta molt bé: teixirem alternatives narratives per contraposar l’extremisme violent. Volem plantejar iniciatives que contraposin el discurs d’intolerància que s’ha apropiat en una part de l’esfera social. En altres paraules, el nostre objectiu és obrir les ments de la joventut a perspectives més participatives i constructives.

De moment el projecte és embrionària, tot i que al mateix temps ambiciosa. Hi treballem tant voluntaris locals com internacionals. Giuseppe és responsable d’estructurar la campanya, Jérémy s’encarrega del funcionament de la pàgina web, Aurora reuneix els conceptes teòrics que tractarem, Sara organitza la comunicació, Andrea el disseny gràfic i jo treballo en els continguts de la pàgina web. Som persones amb backgrounds diferents i això ens permet posar en comú les nostres qualitats i complementar-nos fantàsticament bé. En aquests primers dies, el fet de compartir coneixements tan diversos ens dóna l’oportunitat d’enriquir-nos tant professional com personalment.

L’organització que ens acull, I-Dare, es dedica principalment a promoure les transformacions socials positives dels joves en les seves comunitats. Aquí és on es potencien les qualitats del jovent que vol actuar. El seu eslògan en anglès és ACT: Adquirir –habilitats i coneixements-, Crear –solucions i projectes- i Transformar –societats positivament. I-Dare creu en la joventut com a catalitzadora del canvi social sostenible. En un món que sembla tirar cada vegada més cap a la polarització i la intolerància, campanyes de llarga durada com la que ara iniciem per promoure un discurs alternatiu a l’hegemònic actual és el primer pas per despertar consciències i unir forces.

Són moltes les iniciatives que es poden promoure a favor de la pau i el respecte, només cal tenir l’espai i la motivació per potenciar-les i donar-les-hi visibilitat.

L’aventura tot just comença; d’aquí a unes setmanes us podré explicar com avança...

_______________________

[VERSIÓN EN CASTELLANO]

I-Dare: me atrevo a transformar la sociedad

Ya han pasado más de dos semanas desde nuestra llegada a Amán. El proyecto que desarrollaremos en los próximos meses en la organización I-Dare pinta muy bien: vamos a tejer alternativas narrativas para contraponer el extremismo violento. Queremos plantear iniciativas que contrarresten el discurso de intolerancia que se ha apropiado en una parte de la esfera social. En otras palabras, nuestro objetivo es abrir las mentes de la juventud a perspectivas más participativas y constructivas.

Por ahora el proyecto es embrionario, aunque al mismo tiempo ambiciosa. Trabajamos en ella tanto voluntarios locales como internacionales. Giuseppe es responsable de estructurar la campaña, Jérémy se encarga del funcionamiento de la página web, Aurora reúne los conceptos teóricos que trataremos, Sara organiza la comunicación, Andrea el diseño gráfico y yo trabajo en los contenidos de la página web. Somos personas con backgrounds diferentes y esto nos permite juntar nuestras cualidades y complementarnos fantásticamente bien. En estos primeros días, el hecho de compartir conocimientos tan diversos nos brinda la oportunidad de enriquecernos tan profesional como personalmente. 

La organización que nos acoge, I-Dare, se dedica principalmente a promover las transformaciones sociales positivas de los jóvenes en sus comunidades. Aquí es dónde se potencian las cualidades de la juventud que quiere actuar. Su eslogan en inglés es ACT: Adquirir -habilidades y conocimientos-, Crear -soluciones y proyectos- y Transformar -sociedades positivamente. I-Dare cree en la juventud como catalizadora del cambio social sostenible. En un mundo que parece desplazarse cada vez más hacia la polarización e intolerancia, campañas a largo plazo como la que ahora iniciamos para promover un discurso alternativo al hegemónico actual es el primer paso para despertar conciencias y unir fuerzas.

Son muchas las iniciativas que se pueden promover a favor de la paz y el respeto, solo hace falta tener el espacio y la motivación para potenciarlas y darles visibilidad.

La aventura acaba de comenzar; dentro de unas semanas os podré contar cómo avanza...
 





Dimecres, 18.11.2015 10h45

Entre estrellas y camellos

Aurora González Artigao     18/11/2015

“The dramatic combination of massive rocks and canyons, sandstones over basalt and granite weathered into weird shapes and colours surrounded by desert sands, rivals Petra in magnificence” Rollin and Streetly.
 
El desierto ha sido una localización recurrente en numerosas manifestaciones culturales, pero hasta que uno no pasa unos días allí no entiende por qué. Se trata de un espacio dominado por la inmensidad, extremadamente rico en matices. La amplitud de sus paisajes eleva cualquier emoción al máximo…. No podíamos imaginar lo que nos esperaba tras el nombre de “Wadi Rum”. Yo iba sobre aviso. Uno de mis profesores de la universidad me había dicho que de todos los paisajes que han pasado frente a sus ojos – que no son pocos – si tuviese que calificar uno como el más impresionante, ese sería sin duda el desierto jordano. En el autobús de vuelta a Amman me di cuenta de cuantísima razón tenía.



Empecemos por los datos más generales, para profundizar más adelante en lo emocional. Wadi Rum es un área protegida que abarca aproximadamente 720 km2, situada en la zona más septentrional de Jordania.  Según los geólogos, este inmenso valle fue resultado de una gran grieta en la superficie terrestre causada por un enorme cataclismo que desmenuzó descomunales fragmentos de granito y crestas rocosas de arenisca de las montañas de la placa Afro-Arábica. Algunas de las formaciones se elevan por encima de 1000 metros de altura, coronadas por domos geodésicos erosionados suavemente por vientos del desierto.
La historia de este lugar se encuentra monopolizada principalmente por los beduinos, habitantes eternos de estos parajes que han hecho las veces de pastores, comerciantes, granjeros y cazadores, sacando el máximo provecho de un medio tan hostil. Aunque hoy en día quedan pocos beduinos que mantengan la vida en el desierto en los mismos términos que antaño. La gran mayoría se ha volcado ya hacia el turismo, aunque mantienen muy viva su memoria y, por lo tanto, su identidad como hijos del desierto. Se conocen establecimientos de población desde los siglos VIII-VI a.C., aunque no sería hasta el siglo I a.C. cuando se imprimió una huella evidente y definitiva en toda esta zona, gracias a pueblos como los nabateos. Aún se conservan en las rocas inscripciones tamúdicas, retazo de un pasado lejano pero siempre presente para todo el que desee contemplarlo con fascinación. No sólo los nabateos ocuparon esta zona, antes y después de la llegada del islam diversas tribus de beduinos se hicieron dueños y señores de  rocas milenarias. Siempre lugar de paso, de intercambio y rodeado de cierta atmosférica un tanto mistérica, el valle nos ofreció reflexiones de todo tipo y grandes ideas con las que iniciar nuestras andadas en Amman. Fue una experiencia más allá de todo lo vivido anteriormente. Entre los cientos de momentos grabados a fuego en lo más profundo de nuestras entrañas, qué menos que destacar algunas imágenes: las estrellas fugaces, la deliciosa comida beduina, los colores de Jabal Rum mientras el sol moría, los almuerzos al pie de abrumadoras formaciones geológicas, el té a más de mil metros de altura frente a la frontera con Arabia Saudí… El olor de la arena será siempre evocador de días intensos. 


Dimarts, 17.11.2015 15h15

"Intensive Petra", o cómo iniciar un voluntariado jordano por todo lo alto

Sara Centellas Portet                       17/11/2015

Intensamente
. Así empezamos este blog, tal y como comenzó nuestro voluntariado en Ammán.

Jordania es un país muy diferente al nuestro. No sólo la gente, la cultura y sus tradiciones son distintas, sino que el ritmo de vida e incluso el paisaje no tiene nada que ver con el tempo catalán o español. Nuestros futuros compañeros de piso, que ya llevaban varios días (o meses) en la capital jordana nos propusieron hacer un viaje por el país. Era la mejor manera de conocerse, establecer lazos, y sumergirse de lleno en la dispar y hermosa tierra jordana.
 

Aurora y yo, pues, nos sumamos junto Jéremy (nuestro compañero de piso francés) y Andrea (una valenciana que en cuestión de horas ya adorábamos) a coger un temprano bus hacia Petra a la mañana siguiente de llegar. Las primeras presentaciones fueron ideal, ya que nada más entrar en el piso y dejar las cosas conocimos a Ammar, un chico palestino miembro de la I-Dare community que trajo un gigantesco plato de mansaf preparado por su madre. Nada más dejar las maletas, pues, ya estábamos sentados en la grande alfombra del salón, comiendo con las manos este típico plato a base de: arroz, almendras y carne acompañado salsa de yogurt; ideal para compartir en familia. Nos fuimos a dormir temprano. A la mañana siguiente empezaba nuestra aventura.

Núria se quedó durmiendo hasta tarde para recuperar fuerzas, y no fue muy testigo de lo que iba a suceder en Ammán ese día. Durante la jornada del 5 de noviembre, la capital jordana registró un alto balance de precipitaciones. Si paseas por las calles, todo está construido en base a la realidad geológica del terreno: con subidas y bajadas, colinas y desiguales asentamientos urbanos. Como es lógico, la lluvia inundó calles y casas. Aún así, al dejar la ciudad a primera hora de la mañana, no nos enteramos hasta que familiares y amigos nos lo comentaron por las redes sociales.

Petra es magnífica. No hace falta decir que un día es insuficiente para conocer este inmenso parque natural de hectáreas que incluye formaciones rocosas, montañas y valles únicos en el mundo que aún hoy dan cobijo a 40 familias beduinas que habitan en cuevas. Son un grupo social árabe de vida nómada, y habitan protegidos por el estado entre las montañas del conjunto de Petra participando del negocio turístico con paseos en caballo, ofreciendo te y vendiendo suvenires. Conocimos a un par de ellos muy amables, Mohammed y Uthman, que a cambio de 7 JD (unos 10 euros) nos ofrecieron una cena típica beduina con arroz y carne, el llamado Qstir, con alcohol y música incluido.

Esa tarde en el apartado pueblo beduino nos dimos cuenta de lo dispar que puede ser la población jordana, y en cómo para sobrevivir cada uno se adapta y consigue lidiar con un día a día a veces contradictorio. Si bien sus raíces culturales son para ellos un orgullo, que incluso les beneficia es aspectos como no pagar tasas ni impuestos al gobierno central, sus divergencias sociales les impiden desvincularse de sus turísticas tierras y la felicidad, a veces, se limita a frases como ésta: "yo soy feliz viviendo el momento, con mi cigarro y vaso en mano".  





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