Servei Civil Internacional Catalunya

Experiències de voluntaris i voluntàries d'EVS

Dijous, 10.4.2014 13h30

EVS a Vilnius (Lituània)

Las diferentes fases de adaptación que se experimentan al irte a vivir a otro país son teoría. Cada uno somos distintos y experimentamos este proceso con unas características, una temporalidad, unas anécdotas diferentes, adaptadas a lo que somos.
El entusiasmo inicial casi podría ser el mismo para todos los que emprendemos esta nueva aventura. En mi caso me sentía genial por cambiar de vida,  necesitaba un cambio sobretodo finalizados mis estudios y viendo las perspectivas de trabajo que hay en España. Empezaría a hacer lo que quería: algo relacionado con mi formación, a trabajar con niños, en un país diferente con gente diferente dónde todo era nuevo y sorprendente.  Al llegar aquí todos eran muy amables, muy amistosos conmigo. El proyecto me parecía genial. Llegué con pocas expectativas así que al explicarme todo lo que tenía oportunidad de hacer fue: uuuaaauuu :D!!! Un gran abanico de posibilidades dónde podía desarrollar mis habilidades y competencias.
 Al cabo de unos diez días tuve el entrenamiento de llegada sobre el voluntariado europeo así que conocí a varios voluntarios que estaban aquí en la misma situación que yo de diferentes partes de Europa. Eso se convirtió en una red, voluntarios llevaron a voluntarios creando una gran familia.
     
Al conocer a la gente local empecé a conocer el baile de la serpiente. ¿Qué es esto? Nosotros españoles así como franceses, portugueses, italianos… damos dos besos en la mejilla al conocer a la gente. Esto aquí es impensable, ¿acercarse tanto y encima dando dos besos sin conocer a la persona? Lo mismo me paso el primer día al coger el bus al darle las monedas al conductor en la mano. Me dijo algo en lituano con un poco de enfado podría decir y señalándome una bandejita que tienen para poner el dinero. Luego me di cuenta que lo tenían en los supermercados, bares… Yo española acostumbrada a tocar a la gente tanto como pueda, a besar, a abrazar… y aquí establecen una distancia entre ellos enorme bajo nuestro punto de vista latino.  Ni que hablar de la comida: patata, carne, patata, col, nata, carne, cremas, mantequilla, patata… todo muy pesado, graso y nada fresco. ¿Dónde te has metido Jennifer con lo bien que estabas en Barcelona?
Así que me juntaba con los voluntarios dónde estábamos más cómodos y era todo más fácil. Todos nosotros estábamos en la misma situación, lejos de casa en un país para muchos bastante diferente al nuestro. Siempre estaba fuera de casa, ocupada y con alguna fiesta por medio.

Una compañera de la organización me comentó sobre un workshop acerca de los derechos humanos con el tópico de la xenofobia y racismo. Me interesé enseguida ya que es algo que podía utilizar con los niños y me interesaba para mi desarrollo profesional. También suponía una ocasión para conocer a gente de aquí y alejarme del entorno de los voluntarios. Y encima… GRATIS!!! La mejor palabra que un voluntario puede oir!
Fue una experiencia genial dónde conocí a mucha gente de diferentes países como Turquía, India, Nigeria, Hungría… por supuesto gente de Lituania. Aprendí muchas cosas relacionadas con manera de trabajar en grupos, superación, comida,…

Tras este camp experimenté períodos de soledad más que por la cultura por el entorno y por el uso del tiempo libre. Esto supuso un cambio del punto de vista de mi estancia aquí replanteándome: qué hacía? porqué había llegado hasta aquí? dónde quería llegar?  qué quería conseguir?  Volví al punto de vista inicial tras el choque cultural. Así que decidí relacionarme más con gente local que había tenido la oportunidad de conocer, hacer otras cosas y vivir más el día, sentarme y centrarme en el trabajo que estaba haciendo aquí. Lo mismo que hacía en Barcelona.

Esto es lo que quería, llegar hasta aquí y trabajar con niños así como integrarme en esta cultura y conocerla. ¿Por qué una vez aquí tenía que desaprovechar esta experiencia y seguir un camino que no me llenaba? Me estoy acostumbrando a su idiosincrasia cultural como respetando el espacio entre personas aunque siempre aportando el calor español, cocinando comida española para no echarla tanto de menos aunque comiendo la suya.  También olvidar palabras en español tras el uso del inglés y el esfuerzo por aprender su lengua, el lituano. Disfruto de la ciudad como el precioso amanecer y atardecer que se observa claramente todos los días, la naturaleza, su arquitectura, sus ríos (no hay playa pero al menos hay ríos y lagos)... Así como la calidez de la gente una vez la conoces como de mis mentoras que me muestran su país y cultura… Me gusta lo que veo y lo que experimento aquí. 
Muy importante para la adaptación es el proyecto. El empezar a hacer actividades por iniciativa propia como una tarde española en la que bailamos la macarena, comimos paella valenciana, tortilla, jamón…, un taller de pintura surrealista en el que nos retratamos los unos a los otros al puro estilo Dalí… Esto me ha permitido sentirme útil y valorada a la vez que mejora mi confianza. Sentirme encajada en el proyecto que sigue siendo igual como al principio me lo explicaron o incluso mejor es una gran suerte que no todos mis compañeros tienen. Me están proponiendo oportunidades como formaciones, viajes… que no pensaba ni que formaban parte del proyecto.
A cada uno nos llevan unas motivaciones a realizar un proyecto de voluntariado como esta oportunidad que nos ofrece Europa. Gente que necesita tiempo para pensar, gente que no sabe que hacer con su vida, gente que viene con unas expectativas muy altas y luego se choca con la realidad, gente que no encuentra trabajo… Lo que me llevó aquí era la gran motivación de aprender a trabajar con niños y viajar. Tras finalizar mis estudios de psicología y un máster en psicología forense y criminal tengo claro qué quiero, voy a trabajar  y aprovechar esta oportunidad para conseguirlo.  
 
 
 

Jennifer Ortí Pla 


Dimarts, 4.3.2014 10h30

“Liom Éirean”, EVS a Irlanda

He tingut l’oportunitat d’anar a viure a Irlanda per un any, aquest any està sent una època plena de noves experiències i descobriments, no només pel fet de viure en un lloc diferent al habitual sinó també perquè una experiència així provoca molts canvis dins d’un mateix; canvis en la forma de veure les coses, en les pròpies costums i en la forma de relacionar-se.

Per començar, el simple fet d’haver-se d’expressar en una altre llengua trastoca les percepcions vers als altres; les persones treuen conclusions de tu pensant que no tens gaire més a aportar que el que amb esforços dius; et trobes en converses de grup que no pots seguir tan fàcilment; te n’adones que la major part del temps estàs callat, intentant seguir el fil, i que quan vols participar ja s’ha canviat de tema... Molts miren de fer-se entendre, i d’entendre’t, però tot i així la relació és diferent quan no disposes de fluïdesa en l’idioma, i totes les activitats que de per si et podien semblar simples, de cop es converteixen en veritables reptes!

Recordo que al principi, més d’una persona, al passar a prop meu, comentava a l’altre: - no si no parla anglès! -, o d’altres al escoltar-me em miraven estranyats tot dient: - perquè tens aquest accent? -. Tot plegat es fa encara més difícil quan vius en una comunitat petita, amb persones que no han pogut sortir gaire a veure món, i que a més comparteixen una segona llengua a part de la comuna. Per sort, els Irlandesos són persones molt obertes, amables i curioses i a pesar dels obstacles lingüístics, fan grans esforços per entendre’t, per saber de tu, d’on vens... i no tenen cap problema en fer-te sentir més integrat dins la seva comunitat, convidant-te a casa seva, portant-te a descobrir nous llocs i compartint la seva cultura. 
És així com de sobte m’he trobat a mi mateixa estudiant a nivell bàsic l’Irlandès, anant a classes i participant en les festes de ball popular, agafant la bicicleta i recorrent més de 50 km per caritat, fent autoestop sense por tot coneixent a persones ben interessants durant el trajecte, visitant granges d’amics i ajudant-los a munyir les vaques o cabres, sopant a les 5 de la tarda, ajudant a organitzar discoteques locals pels més joves del poble, emocionant-me pel simple fet de celebrar Halloween, Sant Valentí o Sant Patrick! I es que després de 7 mesos, ja puc dir que m’he immers completament en l’estil de vida Irlandès.

Ara, quan miro enrere, ric de quan provava d’imaginar-me com seria tot plegat, em feia por no encaixar amb les altres voluntàries amb les que comparteixo casa, em feia por sentir-me estancada vivint en un poble tan petit i em feia por no poder complir les expectatives del projecte, a causa de les meves dificultats amb l’idioma. Poc m’imaginava jo el que em deparava aquesta experiència, quan vaig anar a informar-me sobre el servei de voluntariat europeu. No va ser fàcil decidir-me per on tirar i encara menys passar els processos de selecció, però suposo que tot això encara em va fer estar més motivada i amb mil ganes de seguir realitzant aquest somni que des de feia temps buscava.

Pel que fa a la meva experiència en el projecte on estic col·laborant ,crec que el fet de participar-hi com a voluntària fa que sigui completament diferent a qualsevol altre cosa. Tothom mira d’ajudar-te, d’adaptar-se a les teves necessitats i de deixar-te espai, per poder desenvolupar les activitats que pensis que poden aportar alguna cosa diferent al teu treball. Trobes molt de suport entre els companys i amb les mateixes persones amb les que et relaciones.

En el meu cas, l’estar en una escola treballant colze a colze amb els estudiants que tenen més dificultats, ja sigui per tenir menys habilitats o per desmotivació, fa que l’experiència sigui encara més enriquidora. Al situar-se dins d’un entorn d’aprenentatge, amb el meu rol puc convertir aquest aprenentatge en algo bidireccional, ja que tan ajudo jo als estudiants com ells m’ajuden a mi, tot explicant-me les seves costums e interessos, compartint amb mi la seva cultura i responent a les meves preguntes sobre com es diu això o allò en anglès o en gaèlic.

Poc més puc afegir al que he explicat sobre la meva vivència com a participant del servei de voluntariat europeu. La veritat, es farà dur quan aquesta experiència arribi al seu final, especialment per totes les persones que he conegut i que fan de cada dia un dia especial, però com diuen, les coses bones sempre es fan curtes i potser per això és que sempre les vivim més intensament. 

Marina Garcia Soria





Perfil

Arxiu




Altres articles


Servei Civil Internacional Catalunya
Servei Civil Internacional Catalunya

Carrer del Carme 95, baixos 2n.
08001 - Barcelona
T. +34 934 417 079
F. +34 934 417 018
Contacte